Helena de Troya

En realidad, Helena de Troya odiaba a los hombres. Muy poca gente lo sabe, porque Afrodita es bastante celosa de sus secretos, pero Helena de Troya fue la que orquestó la guerra. Cansada de ser secuestrada desde niña, decidió que la única manera de ser libre sería haciendo que los hombres cayeran en las propias trampas de Ares, su dios patrono.
Una noche, en el templo de Afrodita, Helena le pidió que la dejara ser libre, como lo fue la diosa desde su nacimiento, como la espuma marina que aparece cuando se le place y forma caballos blancos como símbolo de su libertad. Afrodita, conmovida por la lucidez y sensibilidad de Helena, accedió. Sin embargo, Afrodita sola no podía convencer a Ares de iniciar guerras, pues era testarudo e inestable, nunca escuchando a nadie a su alrededor, como un toro despotricado. Así que le pidió ayuda a Atenea, compañera y rival amistosa de Ares. La diosa de la sabiduría pensó que era prudente pedirle colaboración a Hera, matriarca del Olimpo. Las tres estaban de acuerdo: debían hacer que todo pareciese idea de otros dioses. Cualquier hilo que pudiera implicarlas, resultaría en reclamos interminables, en pergaminos larguísimos de quejas de los mortales. Sabiendo el riesgo que corrían, las tres llamaron a Eris, quien astuta como siempre, ideó el plan de las manzanas. Nadie sospecharía falsedad en la actuación de Eris como alguien despechada por algo tan banal como una fiesta. Así la consideraba, y a Eris le daba igual. Eligieron a Paris como motor de su plan. Un joven soñador y superficial, Paris, hijo de la reina Hécuba y su esposo Príamo.
Lo demás fue historia. Lo único que planearon las diosas fue la fiesta. Toda la guerra posterior fue obra de Ares, fue idea de los soldados, que fieles a su entrenamiento, lo resolvieron todo por la espada.

Cuando ambos bandos habían sufrido incontables pérdidas y los campos se llenaron de sangre. Helena sólo fingió pasividad ante sus maridos posteriores, sabiendo que las diosas le habían apartado un lugar junto a ellas y las manzanas, en los campos Elíseos.

(Pintura: Helen of Troy, anthony frederick augustus sandys)

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