Démeter

Nosotras podíamos vivir sin carne pero Ella no. Cuando le llevábamos pollo, florecían frutas amarillas por semanas, con carne de pescado, lo ríos resonaban a lo lejos. Nunca alcanzamos a llegar a ninguno de ellos pero no nos preocupábamos, el agua siempre nos llegaba. Sólo una vez la habíamos alimentado con carnes rojas.

La última vez que la alimentamos con carne roja fue hace más de un año. Antes el cielo nos mandaba rayos, tormentas, nieve… Inclemente, había días que el sol no dejaba de brillar, asándonos las pieles, matando nuestras cosechas. Otros días, se ufanaba con inundaciones, al cielo le divertía torturarnos con contradicciones. Llevábamos décadas sufriendo su saña, su ira contra nosotras. Esa última vez, ni siquiera nos dejaba salir de la casa. En el momento que una ponía un pie afuera, lanzaba un rayo o granizo rojo para luego mandarnos arcoiris dobles. Como un regalo de disculpa.

-Tenemos que hacer algo- me susurró Alina, debajo del lavabo de la cocina. Ese día estaba tremendamente soleado, lo que le daba ventaja visual al cielo. No podíamos arriesgarnos a que nos escuchara conspirar contra él.
-Ya lo sé, ¿pero qué se supone que hagamos? Somos tres contra… Contra ESO. Si esto sigue así, logrará entrar a la casa y entonces…-
-No digas, Melissa, cállate- me exclamó Liliana, debajo de la mesa, frente a nosotras. -Escuché algo en el pueblo, de las viejas brujas. Una de ellas me dijo que en el bosque habitaba algo, alguien que podría ayudarnos-
-Puros cuentos, Lili- dijo Alina sonriendo
-Cierra la boca, tonta- le espetó. Esas dos se la pasaban peleando por cualquier cosa.
-Dejen de pelearse, por el amor de Gea, ahora, ¿dónde vive lo que nos puede ayudar?-
-La que nos puede ayudar en algo vive en lo más profundo del bosque. Las brujas me dijeron que le lleváramos algo de comer, carne.-
-Genial- dijo Alina -Con trabajos comemos nosotras, todo gracias al…-
-¿Cualquier cantidad de carne?- le pregunté a Liliana, la única lo suficientemente sigilosa como para escabullirse de la granja y salir al pueblo.
-Sí, las brujas me dijeron que con una gota de sangre era suficiente. Claro que entre más carne, mejor nos puede proteger y entre más roja sea, más poderosa se vuelve-
Nos quedamos calladas. Empezaron a golpetear las ventanas. Era granizo. Justo en un día soleado. Suspiré.
-¿Todavía tenemos licores?- le pregunté a Alina. Ella asintió y me miró con sus profundos ojos grises. Había entendido perfectamente.

Fuimos a la sala, donde las cortinas tapaban lo suficiente las ventanas como para que no se viera nada desde afuera. Liliana de acuerdo a su personalidad, tiró todo lo que había en la mesa, dos floreros y algunos mantelitos, para poner un plástico grande. No se fuera a manchar todo. Alina trajó seis botellas de licores de diferentes colores, verdes, púrpura y una azul intenso. Yo fui por el machete y hielos del congelador.
-Como Liliana va a ser la que le vaya a entregar la carne, tú y yo tendremos que…-
-Entendido- dijo Alina, dándole un largo sorbo a la botella verde.
-¿Eucalipto?-
-Me va a dormir las extremidades. Tómale tú también. Y algo de las otras cinco, cada una hará el proceso más eficiente. Excepto de la azul, esa te duerme, tú tendrás que tomártela al final-
-¿Qué? ¡Que Liliana lo haga!-
-¿Hacer qué?-
-Cortarnos el meñique izquierdo-
-Está bien, tómale a la azul- dijo Alina
-Pero, espera, ¿qué voy a hacer, Melissa?-
-Escúchame bien, Liliana. Tienes que tomar nuestros dedos, guardarlos en hielo, escabullirte al bosque y pedirle a lo que te dijeron que nos ayudará, que detenga al cielo. Que lo haga entrar en razón, que lo ahuyente, que lo mate si quiere. Pero que detenga lo que nos hace. Que si no lo hace, él entrara a nuestra casa y nos raptará como lo hizo con nuestras otras hermanas y nos convertirá en nubes. ¿Entendido?-
Liliana tragó saliva.
-¡O quieres ser una nube de tormenta el resto de tu vida y que el cielo te use para torturar a tus hermanas supervivientes!- gritó Alina, ya borracha.
-¡NO!-
-Entonces, hazlo- dije dándole un sorbo al cóctel que me había preparado Alina mientras Liliana y yo hablábamos.
Liliana agarró el machete, puse mi mano en la mesa y mordiendo un trapo, asentí con la cabeza.

Alina tenía razón. La botella azul sí que te dormía. Me desperté y ya era de noche. El cielo se había ido, o estaba jugando con nosotras. Alina estaba en su cuarto, podía ver luz saliendo de ahí. Traté de levantarme pero me dolieron todos los nervios.
-¡Espérate!- dijo ella, saliendo de su cuarto. Su mano estaba vendada en un bulto.
-Recordé que tenía estas hierbas en mi habitación. Son curativas. Están un poco secas, pero funcionan todavía. Ven, acércame la mano- dijo sentándose a mi lado. La mesa estaba limpia. Parecía que no había pasado nada.
-Espero que le haya ido bien a Liliana, que el cielo no la haya atrapado-
-No, no creo- traté de decirle. Mi lengua seguía entumecida. Me puso una hierba con espinas en el muñón. Ardía como el infierno.
-Ni se te ocurra gritar- dijo, poniéndome el bulto de vendas que tenía por mano en la boca. Luego me puso una pasta verde. Sentí frío y me dejó de doler.
-Liliana hizo un buen trabajo. Mira, cortó justo entre las falanges.-  dijo, señalándome la mano izquierda.
No bajé la mirada.
-¿Crees que lo haya logrado?- pregunté
-No he visto ninguna nube nueva en el cielo. Al menos llegó al bosque.-
-¿Cuánto ha pasado desde que se fue?-
-No lo sé. Unas cuatro horas por lo menos. Eso si el cielo no sospecha y haya cambiado a propósito las posiciones de las estrellas y la luna.-
-¿También la Luna?-
-Ajá, después de siglos, logró convencerla. Quién sabe cómo-
-Maldita sea-
De haber podido, hubiera azotado el puño contra la mesa.
-Ya está- dijo mostrándome un bulto similar al de ella pero en mi propia mano.
-Eres muy hábil con tu mano derecha-
-Hay muchas pociones que tengo que hacer con ambas manos-

No pudimos dormir en la noche. Cuando comenzaba a amanecer, sin embargo, nos ganó el sueño. Nos despertó un horrible estruendo y alguien que nos zarandeaba de los hombros.
-¡Melissa! ¡Alina! Despierten-
Era Liliana.
-¿Qué?-
-¿Qué pasa?-
-Salgan ahora mismo-
-Pero el cielo…
-¡Que salgan, maldición!

Corrimos a la puerta trasera, que daba al patio el cual daba al bosque. Unos troncos gigantes, como dedos, salían de entre las copas de los árboles, enredaderas recorrían el suelo hasta donde alcanzaba la vista. Una gran concentración de nubes tormentosas rodeaban el centro del bosque.
-¿Qué es eso?- dijo Alina, abrazándome, Liliana estaba justo detrás de la cerca.
-Es Ella- exclamó Liliana con una gran sonrisa en los labios. Su cabello negro azotaba el aire.
Volteé a ver al cielo. Estaba de un color rojizo, se estaba tardando demasiado en amanecer.
Los troncos parecían tentáculos oscuros, las enredaderas que salían de ellas soltaban latigazos que hacían sangrar a las nubes.
-¡Nuestras hermanas!- lloró Alina
-No, ya no lo son, desde que se las llevó, ya no- traté de consolarla.
Liliana daba vueltas de felicidad y empezó a reír. De sus dedos salían copos de nieve.
-¡Mira!-
-Está recuperándolos-
Liliana no pudo más y desapareció en una polvareda de nieve. Su espíritu en forma de ganso negro emprendió el vuelo, como hacía siglos que no lo hacía y comenzó a atacar al cielo.
-¿Crees que nosotras…?-
Pero no le respondí a Alina. Me quité el vendaje de la mano y transformé mi mano en un ala negra. Por fin podría volver a cruzar el horizonte como el cuervo que era. Con un feroz graznido me uní a la lucha. Alina hizo lo mismo, su gran tamaño de cisne negro nos dio ventaja visual sobre el cielo encapotado y gris claro. Los troncos perforaban las nubes, nosotras hacíamos que el cielo llorara con truenos y relámpagos, lo obligábamos a domesticarse, a servirnos, a iluminar como debía y no torturarnos como hizo cuando nos robó nuestro caldero de oro.
Liliana nadaba entre las nubes esponjosas. Concentrándome le dije que buscara nuestro caldero. Ella entendió.
En la cima de una montaña, justo por encima del mar de nubes, estaba nuestro tesoro. Alina lo encontró. Entre las tres lo agarramos convirtiéndonos en arpías, mitad mujeres mitad aves. Nos lo llevamos a casa.
Cuando lo metimos, el bosque ya había destazado la mayoría de las nubes. Dejando el cielo desnudo. Nunca habíamos visto su carne desprovista de nuestras hermanas.
-Azul- dijimos las tres…
Los troncos regresaron a sus árboles, las enredaderas, a sus muros, a sus ramas. Liliana nos volteó a ver y nos dijo: “Le gustó mucho su carne pero se le hizo un poco exagerado. Aunque entiende que estábamos desesperadas. Estará muy feliz de protegernos de ahora en adelante. Lamenta que no pueda hacer nada por nuestras hermanas, pero jura que su sacrificio no será en vano. De ahora en adelante, las lágrimas que ellas lloren, alimentaran las flores y las frutas que vendrán del bosque”

Este año nos había ido bien, el ganado crecía fuerte y se reproducía rápido. Alina se encargaba de recolectar las frutas, yo, de matar a los borregos y hacer de comer su carne. Por otra parte, Liliana alimentaba a las gallinas y a los patos, desde aquella vez me pidió intercambiar tareas, ¡ah! y la alimentaba a Ella. Entre las tres manteníamos la granja en perfecto estado. Todo gracias a la buena carne que le dábamos a Ella. Estábamos en paz y sobre todo, estábamos tranquilas.
Me quité el sudor de la frente y miré hacia arriba.
No había ninguna nube en el cielo azulado.

 

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s